EL ESTUDIO DE LA RELIGIÓN EN WEBER

Ignacio Medina Núñez

En el VIII Congreso Internacional de la Asociación Mexicana de Ciencia Política (AMECIP) realizado del 8 al 11 de diciembre del 2020, una de las conferencias magistrales estuvo a cargo del politólogo, el profesor Ronald Inglehart. Nos habló del contenido de su próximo libro que va a aparecer a principios del 2021 con el título Religion´s Sudden Decline: What-s causing it, and What comes next? Ello siempre será un tema muy importante a debatir, por ser expresión de la estructura social como también, como lo apuntó Max Weber, por ser un elemento capaz de influir en el desarrollo material de las sociedades. Inglehart habla de un fenómeno reciente desde finales del siglo XX y sobre todo comienzos del XXI; y no habla de un proceso de desaparición de la religión sino de una transformación de la creencia religiosa en un Dios determinado por siglos. Por ello, siempre será importante volver a los análisis de Max Weber, en este año 2020 que es el centenario de su fallecimiento, para profundizar en el significado de las religiones en el mundo de hoy.

A pesar de ciertas predicciones sobre la desaparición de la religión con el advenimiento del racionalismo en la época moderna, se puede comprobar cómo desde la antigüedad hasta el tiempo contemporáneo ésta siempre ha existido de forma mayoritaria sobre los humanos, y más que desaparecer se sigue reafirmando en gran parte de la humanidad. Entendiendo el concepto desde su origen latino (re-ligare), podemos entenderla como el vínculo que puede existir entre el ser humano y algún tipo de divinidad para intentar responder a preguntas fundamentales como ¿de dónde venimos? ¿quiénes somos? ¿habrá una vida después de la muerte? etc.

Desde la llegada del homo sapiens, muchas preguntas similares han sido formuladas sin tener una respuesta totalmente cierta y por ello se tiene que acudir a un nivel de certittud que podemos llamar fe, en la cual encontramos cierto consuelo y equilibrio para nuestro andar en este mundo. Sin embargo, la fe puede dar muchas respuestas y por ello los griegos en su religión antigua tenían muchos dioses y diosas (Hesíodo, 1990), a los que se les atribuían historias extavagantes, leyendas y poderes sobrehumanos. Las cosas que ignoramos los humanos imaginamos que las saben los dioses, y solamente ellos saben por qué suceden todas las cosas en la naturaleza y en la sociedad.

Muchas cosas que no entendemos las atribuimos a los designios de algún dios. Y como hay tantas cosas que desconocemos, entonces aparecen tantos dioses que nos dan paz y tranquilidad en sus respuestas. Sin embargo, en la historia de la humanidad llegó a aparecer el monoteismo cuando se llegó a creer que no hay muchos dioses sino sólo uno. Y así se explica la tradición judía, la tradición cristiana y la islámica; ellas son las únicas religiones monoteístas en el mundo, las cuales al enfrentarse los creyentes unos con otros no tienen más que asumir una confrontación: si mi dios es el verdadero, todos los demás son falsos. Y en esta situación, dentro de la sociedad no cabe más que la lucha ideológica, incluidos en muchas ocasiones enfrentamientos políticos e incluso bélicos[1]

Los enfrentamientos entre religiones diversas siempre han existido y no sólo como discusión ideológica sino como disputas reales de poder. Sócrates por ejemplo fue acusado de impiedad entre otras causas, y luego sentenciado a muerte; los cristianos durante los primeros tres siglos de nuestra era fueron perseguidos por los emperadores romanos, y martirizados en diversas formas, algo que sucedió en sentido contrario cuando el cristianismo se convirtió en religión oficial del imperio romano y empezaron entonces a perseguir ferozmente a quienes no creían en Jesucristo[2].  

El surgimiento del Islamismo con Mahoma en el siglo VI y VII d.C. se convirtió en otro gran fenómeno religioso que, con su rápida expansión, se confrontó abiertamente con un Occidente predominantemente católico. Todo el fenómeno de las Cruzadas tenían declarativamente fines religiosos pero desembocaron en fines políticos y económicos como la reconquista de los santos lugares en oriente medio, y reflejaron varios siglos de confrontación bélica en donde ninguna de las dos partes ganó una batalla definitiva. Y mientras tanto otra modalidad del islamismo a través del imperio otomano se iba a hacer presente también en las orillas de Europa para desbancar finalmente al cristianismo ortodoxo con la conquista de Constantinopla en 1543 por Mehmed II para transformar la ciudad en la actual Estambul.

Ya antes había ocurrido dentro de Occidente el primer gran cisma en la Iglesia católica en el siglo XI cuando el cristianismo ortodoxo quiso separarse de la Iglesia romana para formar una corriente distinta, que ciertamente se centró en Constantinopla y sus alrededores pero que se extendió hasta las tierras de Rusia.

En la época de Marsilio de Padua en el siglo XIII y XIV, cuando en su libro Defensio Pacis planteaba la separación de los poderes espiritual y material, se provocó un gran conflicto político: la iglesia y el Papa tienen poder espiritual pero es muy diferente del poder temporal de los monarcas; ello llevó a un enfrentamiento agrio entre Bonifacio VIII y el rey de Francia Felipe IV el Hermoso, que terminó con la muerte del primero. Posteriormente, Lutero cuestionó abiertamente la autoridad del Papa en el siglo XVI con el objeto de crear otras comunidades religiosas autónomas de Roma que podían leer directamente la Biblia e interpretarla de manera diferente.

En la llamada época moderna a partir del siglo XVI, con la decadencia del feudalismo y con un Renacimiento acompañado de la gran corriente del racionalismo, surgieron muchos cuestionamientos a la religión, especialmente a la religión católica representada por el poder central del Papa en Roma, que durante siglos, aliado con el poder de los reyes y señores feudales, impuso una verdad única basada en la interpretación que hacían de la Biblia como palabra de Dios.

Aunque la ciencia ha avanzado a pasos agigantados en la explicación de la naturaleza y de la sociedad, los conflictos religiosos siguieron sucediendo. España, con la recuperación por los reyes católicos de todo su actual territorio derrotando al islamismo que había permanecido ahí durante cerca de 7 siglos, no sólo expulsó el poder de los musulmanes sino también expulsó violentamente a los judíos por ser descendientes de los asesinos de Jesucristo. Las guerras de la reforma y la contrarreforma religiosa no fueron sólo disputas teologales sino guerras abiertas en territorio europeo; el asesinato masivo de hugonotes-protestantes en Francia en 1572, en la noche de San Bartolomé, queda como uno de los más grandes hechos sangrientos de la guerra de religiones, que perduraba hasta el siglo XVIII cuando Voltaire (1763) escribía su Tratado sobre la Tolerancia, en el contexto del nuevo enfrentamiento de los católicos con los protestantes en Toulouse.

Todos los conflictos geopolíticos del siglo XX llegaron a hacer pensar a S. Huntington (1996) en su explicación planetaria sobre el Choque de Civilizaciones como un horizonte global en donde el mundo tendría que ser explicado casi como una guerra entre religiones, no sólo culturalmente sino también en sentido político con repercusiones bélicas.

Todo este escenario histórico ciertamente nos lleva a pensar en estudiar la religión con mayor profundidad no sólo como producto de las condiciones materiales de la estructura social sino también por su capacidad de ejercer influencia en las decisiones políticas y económicas de la sociedad, es decir en la fuerza que tiene para modificar la misma formación social de las naciones, sin dejar de considerar los apuntes de Inglehart en el sentido que de que en las últimas décadas cada vez una importante cantidad de la población confiesa ya no ser creyente en Dios.


[1] El mayor ejemplo de esta confrontación de religiones monoteístas lo vivimos en el siglo XX en el medio oriente donde conviven en un mismo territorio cristianos, judíos y musulmanes. Y como todos creen en un solo dios y todos creen que esa tierra de Israel y sus alrededores Dios se las otorgó a ellos y sus descendientes, no tienen más que vivir en un perpetuo enfrentamiento, que se vio agravado cuando se le concedió una gran parte del territorio palestino al nuevo Estado de Israel en 1948. La religión monoteísta ha tenido ahí necesariamente implicaciones no sólo de explicación religiosa sino también políticas y de guerra por la lucha actual muy especial de los palestinos para tener su propio Estado.

[2] Ésta persecución fue una práctica que la Iglesia católica impuso en toda la Edad Media en donde llegó a crear una institución especial punitiva como lo fue la Inquisición, con el objeto de perseguir y dar muerte a los herejes, utilizando también métodos sofisticados de tortura.